sábado, 7 de agosto de 2010

La Plaza de los Desencuentros

Día de sol. Frío. Viento helado. Tristeza. Desesperación. Confesión. Llamado. “Te lo digo hoy, mañana es muy tarde”, pensó. “Hola (…) Dale nos encontramos ahí. Pasá por casa”. Nos tomamos de la mano. Caminamos. Saludamos a la vecina. “¿Cómo te fue hoy?”. En realidad no me importa. “Tenemos que hablar”. Odio esta plaza. Una pareja se pelea. El hombre lleva al niño sobre sus hombros. Ella le grita. “Cuando te vas, tengo que cargar con todo. Estoy sola. Anoche se enfermó y no sabía que hacer”. Silencio. El hombre patea una piedra. El niño pregunta cosas sin sentido. Ella grita. Llora. Él la mira. Hace un gesto con los hombros. Dos viejos caminan por la vereda. Nos miran. No decimos nada. Rompe palitos con las manos. Pisa hojas secas. Reímos de recuerdos. Tres chicas con cuadernos caminan por el centro de la plaza. Una llora. La otra la consuela. La tercera escucha cuarteto en el celular. No estamos ahí. Estamos en ningún lugar. “Nos vemos”. “Nos hablamos”. No se van a hablar. 

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