sábado, 9 de octubre de 2010

Sentir ...

Te odio. Si te odio, lo escuchaste bien. Odio tu sonrisa de lado, cuando bajás la voz al final de la oración, y después te reís con tu risa tonta y sin gracia. Odio que siempre quieras darme lecciones de vida, sobre cómo vivir, tus experiencias no me importan. Que te quede claro, me hartaste, y esto no tiene vuelta atrás. ¡Decídete!, decídete a vivir de una vez, que siempre estás dando vueltas, cuidando las formas, tratando de pisar suave para que nadie te escuche, siendo sin ser. Mové las piernas, sentí, con todos los sentidos, explotá de rabia y mandá todo a la mierda, pero abandoná este letargo de indeferencia ante la vida. Dejá todo, abandónalo todo, y cuando vuelvas elegí eso, nada más que eso que te importa. Dejá de cargarte ideas cadenas, desátate, y … Ándate no sé… pero sino te vas y seguís acá te voy a seguir odiando porque seguís así con tu impávida cara de idiota, sin vivir, sin mirar, sin sentir con todos los sentidos….

Suelo

Yo.
Me caigo.
No me levanto.
Estoy abajo y miro.
Te miro, desde abajo.
Todo es alto desde acá.
No me importa levantarme. 
Levantarme no quiero.
Aquí estoy bien.
Sí, sigo vivo.
Muerto no. 
Yo.

La frase que guardé

"Nuestra memoria es frágil. Nuestro paso por la vida es breve. Todo ocurre tan rápido que no tenemos tiempo de encontrar la relación entre los hechos" 

En realidad no sé si la frase es como yo la recuerdo. La encontré viendo "La Casa de los Espíritus", basada en el libro de Isabel Allende con el mismo título. 

La frase me persigue siempre en diferentes etapas de mi vida. En particular, cuando quiero encontrar esa conexión entre las cosas, y miro el pasado y el presente...

Mi viejo triste

Anoche una llamada alertó a mi viejo de la muerte de Alfonsín. Le vi sus ojos tristes, se había muerto una especie de heroe para él. A mí también me dolió perder al presidente de la democracia. Ese es su título, así se asocia su nombre.
Lo primero fue entrar a Internet para ver los comentarios y la forma de presentación de las notas periodísticas, estos son días únicos, irrepetibles. Me agradó ver los comentarios de muchísima gente que lo recordaba con cariño, como un tipo honesto, como un hombre con convicciones fuertes, que sumo tomar las riendas de un país agobiado por la violencia de estado. 
Yo nací en plena democracia, en 1984. De chiquita mi viejo me hacía juntar las manos en ese símbolo radical. Yo no soy radical, sin partido político, supongo que eso es algo de mi generación. Pero ayer vi en los ojos de mi viejo, la tristeza de muchos argentinos.
Viva Alfonsín, viva la patria, viva la democracia

Embrujo

Espero que la magia se termine (en esa parte pesimista de mi) y volver a ser prisionera de mis anteojos... Pero no, soy libre por hoy

lunes, 9 de agosto de 2010

sábado, 7 de agosto de 2010

Espía

 No te voy a encontrar en Internet. Eso puede ser sólo una casualidad. Puedo espiar tus actividades, intentar conocer tu vida a través de unas fotos puestas ni siquiera recuerdas cuando. Pero de algo estoy segura, no te voy a encontrar detrás de la pantalla de esta computadora.

Sueño del 10

Amor te engañé con Maradona, jugábamos un picadito en la plaza y me besó en la boca, antes de pedirme que buscara a dos jugadores para el Mundial. Eran Mendoza y Burlín, lo conocés porque yo no.

La Plaza de los Desencuentros

Día de sol. Frío. Viento helado. Tristeza. Desesperación. Confesión. Llamado. “Te lo digo hoy, mañana es muy tarde”, pensó. “Hola (…) Dale nos encontramos ahí. Pasá por casa”. Nos tomamos de la mano. Caminamos. Saludamos a la vecina. “¿Cómo te fue hoy?”. En realidad no me importa. “Tenemos que hablar”. Odio esta plaza. Una pareja se pelea. El hombre lleva al niño sobre sus hombros. Ella le grita. “Cuando te vas, tengo que cargar con todo. Estoy sola. Anoche se enfermó y no sabía que hacer”. Silencio. El hombre patea una piedra. El niño pregunta cosas sin sentido. Ella grita. Llora. Él la mira. Hace un gesto con los hombros. Dos viejos caminan por la vereda. Nos miran. No decimos nada. Rompe palitos con las manos. Pisa hojas secas. Reímos de recuerdos. Tres chicas con cuadernos caminan por el centro de la plaza. Una llora. La otra la consuela. La tercera escucha cuarteto en el celular. No estamos ahí. Estamos en ningún lugar. “Nos vemos”. “Nos hablamos”. No se van a hablar.